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Mariana es una mujer separada y madre de dos niños. Actualmente tiene deudas por valor de treinta y dos mil euros: un préstamo del coche; dos deudas personales; y una reforma de su casa. Además, paga el alquiler de la vivienda a medias con su expareja. Mariana se hace cargo sola de todas las deudas pues, aunque las contrajeron mientras aún mantenían una relación, su expareja se limita a satisfacer exclusivamente los gastos de la pensión de alimentos y la mitad del alquiler.
 

Sus ingresos están compuestos por un subsidio por desempleo —que se agotó hace más de un año— de cuatrocientos treinta euros y la pensión de alimentos para los hijos de trescientos euros en total. Los intereses de los créditos personales han llegado a aumentar un ochenta y cinco por cien, siendo el interés actual de una de sus deudas personales del ciento dos por cien.

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Diana llegó a España en 2019 con su hijo menor de edad. Tuvo algunos trabajos temporales durante estos años que le permitían salir adelante, pero con la crisis generada a causa del COVID-19, las ofertas dejaron de surgir y, teniendo una situación administrativa irregular, poco a poco se vio obligada a introducirse en el mundo de la prostitución.
 

Debe cincuenta mil euros a las personas que la introdujeron en aquel negocio —en concepto de cursos de formación, que en realidad eran un fraude—. Además, las pocas oportunidades laborales que ha tenido fuera de ese mundo las ha rechazado por temor a
que le embargaran el salario. Su prioridad cada mes es llegar al mínimo con el que poder mantener el alquiler, los gastos básicos y el seguro de vida para su hijo.

 
 
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Julia es víctima de violencia de género y tiene tres hijos. Desde la primera ocasión que le pidió el divorcio a su ahora ex-marido, la situación se hizo cada vez más insostenible, hasta que tras un duro proceso, consiguió el divorcio.

 

Julia vive con sus tres hijos en un piso de alquiler, que compartía con su ex-marido, que le ha dejado con diversas deudas a su nombre —y es que su ex-marido le pedía que
firmara «unos papeles» sin saber lo que realmente estaba firmando—.

 

Lleva varios meses desempleada y aunque el juez ha obligado a su ex-marido a pagar una pensión alimenticia por cada hijo, no la está percibiendo. Para hacer frente a las deudas y pagos que se le iban acumulando, Julia contrató una tarjeta revolving y no solo no ha mejorado su situación económica sino que a día de hoy se enfrenta a una deuda interminable.

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Gilberto lleva más de 10 años en España en los que ha encadenado varios contratos de trabajo en el sector agrario. No obstante, su nivel de ingresos no es suficiente para atender todas sus deudas.
 

Lleva cinco años casado con su mujer, Lucía, que desde que tuvieron su primer hijo, no se ha reincorporado al mercado laboral. Además de los gastos de una hipoteca, todos los meses tienen que sufragar diversos gastos médicos para el tratamiento de la enfermedad rara que padece el menor de sus hijos.
 

Recientemente han pedido un préstamo para tratar de hacer frente a estos gastos así como algunos créditos para pagar los atrasos en las facturas de agua y luz. Están dejando impagadas algunas facturas y los créditos adeudados han generado altísimos intereses agravando día a día su situación financiera.